Cuando no solo educan los padres…

coeducacionLa educación de los niños es muy compleja y cuando somos padres decidimos nuestro modo de educar. Tomamos decisiones sobre qué priorizar, qué valores les queremos trasmitir, cómo queremos que se comporten…

Por poner un ejemplo. Habrá padres que a la hora de la comida no les importará que su hijo no se acabe lo que hay en el plato y les dejarán elegir otra opción diferente a los demás porque para ellos lo importante es que su hijo coma.

Otra familia decidirá que su hijo se comerá lo que hay en el plato y sino se lo come no hay otra opción.

Ahora estoy convencida de que todos nos hemos posicionado en una de las opciones. La gran mayoría en teoría elegirá la segunda, en la práctica quizás menos.

Pero si os digo que en el primer caso el niño tiene un problema de estómago, de aversión a la comida y está teniendo problemas de crecimiento, ¿cuál elegís para este caso?

En general todos cuestionamos las decisiones educacionales de los demás y cuantas más personas se involucran en la educación de tus hijos más posibilidades hay de no ponerse de acuerdo.

Una de las normas fundamentales para que la educación funcione es la coherencia entre los padres para establecer rutinas y normas.

Por eso cuando llegan abuelos, tíos, amigos… para ayudarnos a educar entramos en conflicto porque empiezan: «no pasa nada por una chuchería» «déjales ver los dibujos, por un ratito…»

Cuando unos padres necesitan que cuiden de su hijo un día de colegio porque está enfermo, unas horas para hacer unas gestiones o para tener de ocio suelen recurrir a la red de la familia extendida o una cuidadora.

Pero si hablamos de una familia con un hijo con diversidad funcional casi siempre la familia es la primera opción, la que se mantiene a lo largo de los años y con una vinculación especial ya que es un niño con necesidades especiales.

En este último caso la diversidad de opiniones y de formas de hacer con respecto a la educación del niño aumenta y el nivel de implicación es mayor ¿cómo lo gestionamos?

Como profesional, la primera etapa que me suelo encontrar en las familias es de choque, el momento previo al diagnóstico. Empieza a haber señales de alarma y los abuelos suelen decir: «su padre de pequeño era igual», «es que es muy pequeño normal que no lo haga» «eso es porque le consientes mucho». También suele haber diversidad de opiniones entre los padres. Se oyen frases como: «conmigo no lo hace» » eso es porque no es eres estricta/o».

En ese momento los profesionales son claves, para hacer ver a los padres lo que es un desarrollo normal y lo que no lo es. Así como dar pautas de manejo.

Cuando unos padres reciben el diagnóstico de su hijo, se leen todos los libros posibles, llaman a todos los teléfonos donde puedan recibir información, buscan en internet horas y horas buscando las últimas terapias…pero la gran mayoría familiares y amigos no suelen llegar a entender la necesidades, el comportamiento del niño…y aún con buena intención no ayudan en la educación.

Los niños con diversidad funcional tienen muchos más problemas para generalizar aprendizajes y para entender que un mismo comportamiento tiene diferente consecuencias según la persona.

Así que como profesional y aún sabiendo que es difícil, se deben establecer líneas de educación y actuación con aquellos familiares, amigos y cuidadores que se van a involucrar en la educación del niño frecuentemente.

  • Hacerles ver la importancia de hacer todos los mismos para que el niño tenga rutinas y sepa qué esperar.
  • Explicar las necesidades del niño para que entiendan la situación.
  • Intentar establecer un modo de comunicación y que todos lo empleen en la mejor manera posible (pictogramas, agenda, ipad, signos..)
  • Educar a la familia en qué es «normal» y qué «no es normal».
  • Decir claramente qué pueden o no pueden dar o hacer con el niño.
  • Marcar que quienes deciden la educación del niño son los padres, y que es mejor preguntar qué hacer en algunas situaciones.

Todo esto por supuesto valorando toda su ayuda y lo fundamentales que son como piezas para que la vida de los niños con diversidad funcional y sus padres sea mejor.
Si se establece un camino de comunicación claro, sincero y con mucha paciencia entre los adultos involucrados se va a poder coeducar mejor a los niños.

Al final, todas las familias tenemos estos problemas pero un niño neurotípico tiene más resiliencia que un niño con diversidad funcional.

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