Lenguaje y discapacidad, digo…diversidad funcional

Las palabras son la más potente droga utilizada por la humanidad. Kipling (1865-1936)

Las palabras son una herramienta muy poderosa que guían nuestro comportamiento, la forma de elaborar conceptos y, en última instancia, nuestros actos.

Muchos de los términos que se usan en educación, provienen de un enfoque segregador, integrador y obsoleto. Pero tenemos que cambiar la perspectiva, el pensamiento y el lenguaje. 

A continuación, explicamos diferentes términos que se usan en el mundo de la diversidad funcional y reflexionamos sobre su uso.

¿Qué queremos? ¿INTEGRACIÓN o INCLUSIÓN?

Actualmente estos dos términos se suelen usar indistintamente sin dar mayor importancia a su significado, pero no es correcto. Vamos a plasmar la idea de estos conceptos junto con segregación y exclusión en un diagrama:

 

 

 

 

 

 

Imagen tomada de www.dobleequipovalencia.com

A nivel académico, el término inclusión en educación lleva sonando décadas en congresos y conferencias. Sin embargo, el concepto a nivel práctico sigue sin estar claro, lo que hace imposible su implantación en los colegios.

El alumno con necesidades educativas especiales puede acudir a un centro ordinario y estar integrado.  Aprender y socializar es sus propios espacios con otros niños con discapacidad, sin realmente convivir con su grupo de referencia del colegio. Éstos suelen ser los casos de apoyos exclusivamente fuera del aula, con el pensamiento generalizado de que el responsable de estos alumnos es el especialista (PT) y no el tutor y realizando actividades casi siempre diferentes al resto de compañeros.

Sin embargo, el modelo que buscamos es aquel en el que los todos los niños están incluidos. Comparten espacios de aprendizaje, juego, rutinas y socializando. De esta manera, se intenta que todos los apoyos se realicen dentro del aula, lo cual permite al alumno con dificultades de aprendizaje ser parte de la clase ordinaria con el tutor como referente, compartir actividades y aprendizaje con sus iguales, y contar con el resto de los maestros del centro como parte de su educación.

Como dicen Echeita y Ainscow la inclusión es un proceso que busca la presencia, participación y éxito de todos los estudiantes. Todo ello envuelto en un nivel de bienestar.

¿Por qué decimos NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECIALES? ¿no sería mejor NECESIDADES EDUCATIVAS PERSONALES?

En una conferencia a la que asistí comparaban el sistema educativo con la idea de construir una casa. Cuando un arquitecto diseña una casa es mejor que esté adaptada desde el principio, ya que no sabe qué personas vivirán allí. Así que desde los planos es mejor poner rampa de acceso, ascensor, marcos de puerta anchos…mejor que hacerlo después que será más caro, además de las molestias que ocasionarán a todos los habitantes.

Nuestro sistema educativo se ha diseñado solo para unos pocos, así que cuando queremos que un niño asista a cualquier colegio nos encontramos que no “cabe” por la puerta. Y, como aún no podemos cambiar las puertas, nos encontramos con que, para “adaptar” el colegio, tenemos que usar el término “necesidades educativas especiales”.

Este término marca y segrega. Según este término solo unos pocos tienen dificultades en el colegio. ¿Es eso así? ¿O a lo largo de toda una vida de aprendizaje todos tenemos dificultades de aprendizaje, de una manera u otra?

Hay niños que pasan dos o tres semana en casa por un virus. ¿Tienen dificultades para seguir el ritmo de los demás? ¿Adaptamos el modo de enseñanza o le suspendemos porque no puede hacer todo como los demás?

Otros sufrirán la pérdida de un familiar muy cercano, emocionalmente estarán inestables y, probablemente, sin rendir a nivel de sus capacidades. ¿Podrá seguir el ritmo de los demás? ¿Adaptamos el modo de enseñanza o aceptamos que no accederá a ese conocimiento?

Como vemos TODOS vamos a necesitar en algún momento flexibilidad por parte del sistema educativo. ¿Tenemos entonces todos necesidades especiales? ¿Solo unos pocos?

Debido a este debate, una tesis que he leído de Alba García Barrera (2013) propone como término alternativo Necesidades Educativas Personales (NEP). Si usáramos este término, no estamos señalando a un grupo único, especial o diferente. Simplemente estamos explicando una situación cotidiana, para cualquier alumno, en algún momento de su aprendizaje.

¿DISCAPACITADOS, PERSONA CON DISCAPACIDAD o PERSONA CON DIVERSIDAD FUNCIONAL?

Cuando usamos la palabra “discapacitados”, estamos diciendo que toda esa persona, en global, no tiene capacidades. Además, al no usar la palabra “persona”, estamos eliminando los rasgos individuales. Por tanto, de debe anteponer la palabra “persona”, “mujer”, “hombre”… y añadir “CON discapacidad”, ya que, cada persona, tiene unas cualidades, unas más desarrollas que otras.

Por ejemplo, una mujer con discapacidad visual, efectivamente, tiene menos capacidad a la hora de ver, pero probablemente tenga otras muchas capacidades como ser una gran comunicadora o un gran talento a la hora de tocar el piano. Sin embargo, la palabra “discapacidad” sigue teniendo un significado peyorativo y con connotaciones de menor valor.

A partir de esta idea y queriendo dar una visión positiva, con el añadido de que cada persona es diferente se acuñó el término: “persona con diversidad funcional”.

¿Qué término es más acertado para usar en cada situación, si analizamos las palabras y su significado? ¿Qué modelo de sociedad o de educación os parece el más desarrollado? ¿En qué modelo os gustaría que vuestro hijo fuera educado?

La palabra es el espejo de la acción.

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